El deterioro del sistema educativo y la falta de un plan integral para mejorarlo, que se evidencia en que casi un millón de jóvenes no estudia ni trabaja y uno de cada dos abandona la escuela, están provocando que muchos jóvenes no consideren la educación como una herramienta para autosuperación y el desarrollo personal.  La Juventud UP de La Plata reflexina sobre el tema en esta nota.

Por Juventud UP La Plata

Hoy la educación en la República Argentina se encuentra en una crisis estructural, consecuencia de años de desidia que la actual gestión del gobierno no ha logrado revertir. Esta crisis afecta de manera exclusiva a la juventud de todos los rincones del país, la cual está indefensa ante las fallas de un modelo educativo que no procura desarrollar plenamente a los individuos y otorgarles reales posibilidades para encarar los desafíos que la sociedad actual plantea.

No hablamos solamente de insuficiencias manifiestas tales como la baja en el nivel educativo, la falta de capacitación docente, los problemas edilicios, los problemas salariales de los empleados del sector educativo, el arcaísmo de algunos programas curriculares, entre otras deficiencias. Más allá de que esos problemas sean de una gravedad indignante, ellos no dejan nunca de ser consecuencia directa de la falta de un plan educativo de carácter integral y de la falta de compromiso de los representantes políticos frente a los cambios y las necesidades de una sociedad como la actual.

Esta falta de acción pública generó el planteo de un problema social mucho más profundo de lo que a simple vista pudiera pensarse: el deterioro del sistema educativo ha llevado a que muchos jóvenes no consideren a la educación como una alternativa que pueda brindarles una posibilidad real de mejoramiento de su situación y de autodesarrollo.

Esto se pone de manifiesto con dos datos realmente alarmantes: en primer lugar, hay en nuestro país 900.000 jóvenes que no estudian ni trabajan: más allá de los cuestionamientos que puedan hacerse respecto de la situación del trabajo en la Argentina, ese grupo de jóvenes no ha tomado la decisión de continuar estudiando, aun cuando tuviera la posibilidad real de hacerlo. En segundo lugar, un 50 % de jóvenes que no termina la secundaria: es decir, uno de cada dos estudiantes abandona la escuela antes de tiempo.

¿Cómo es esto posible? ¿Por qué nuestros estudiantes no encuentran en la escuela un lugar de pertenencia que les otorgue un ideal, una identidad, una proyección?

Claramente, el problema va mucho más allá de cualquier medida coyuntural que un gobierno de turno pueda prever (como la entrega de netbooks a estudiantes secundarios), puesto que se requiere la elaboración de una estrategia de educación dirigida a solucionar problemas de fondo.

¿Qué educación queremos? ¿Para qué? ¿Qué deseos, proyecciones, inquietudes tienen las nuevas generaciones y qué deseos, identidades y posibilidades brinda el mundo actual y la sociedad argentina? ¿Cómo se soluciona el problema de la grave disminución en el nivel educativo frente a una paradoja inconmensurable: la presencia de tecnologías comunicacionales que potenciaron la disponibilidad de información y la facilidad para difundir ideas? ¿Cómo se logra aumentar el compromiso de los estudiantes con la educación, evitando la baja en el nivel de enseñanza, aumentando el nivel de exigencia pero procurando generar espacios democráticos de participación? ¿Qué políticas emprender frente a los docentes, cuya capacidad para comandar exitosamente su tarea se ha visto desbordada? ¿Qué planes de capacitación docente queremos? Esas y otras preguntas requieren que, entre todos, empecemos a generar respuestas. Hay que lograr que todos nos sumemos al debate por la educación pública de nuestra sociedad argentina.